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CONTRA LOS JUECES |
| Reseña: |
Como muchas otras corrientes modernas de pensamiento
social, el anarquismo es hijo de la Revolución Francesa y del socialismo
romántico y doctrinario posterior, que pretendió tomar en
serio los principios de libertad, igualdad y fraternidad. Esos principios,
aunque pomposamente proclamados en los documentos revolucionarios, quedaron
plasmados sólo en tinta y papel, sin volverse palpables para grandes
sectores de la población. Además, el avance cada vez más
acelerado de las relaciones capitalistas abrió paso a la hegemonía
de una nueva clase social, la burguesía, que desplazaba de la cima
social a la antigua aristocracia feudal o cortesana. De este modo, los
principios proclamados por la Revolución servían simplemente
(como sirven aún hoy) para encubrir nuevas -y no tan nuevas - formas
de opresión, desigualdad y explotación. El socialismo del
siglo XIX en general, y en particular el anarquismo, puede ser visto como
proyecto de llevar a realidad efectiva aquellos principios de la trilogía
revolucionaria: libertad, igualdad, fraternidad. Para muchos, la tarea
de la Gran Revolución -la emancipación efectiva de todos
los hombres - aún no estaba terminada; apenas acababa de principiar
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