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CONTRA LA DEMOCRACIA |
| Reseña: |
Los textos que presentamos aquí no son un producto
del intelecto. No son obra de un individuo, ni tampoco de genios universitarios.
Ni siquiera son el resultado del libre pensamiento, ni tampoco de la inspiración
autónoma de tal o cual grupo de librepensadores asociados en función
de sus afinidades. Son, por el contrario, un conjunto de afirmaciones
(¡y más aún de negaciones!) programáticas del
proletariado, son la expresión teórica del movimiento real
que se contrapone al capital y que contienen su destrucción total.
Son la expresión de la comunidad de lucha que se contrapone a toda
la organización social presente y que para realizar los objetivos
que le son propios lucha por afirmarse como clase, como partido, como
fuerza mundial de destrucción de todo el sistema capitalista mundial.
El lector no encontrará grandes novedades, ni descubrimientos,
en los textos que publicamos. Al contrario, las afirmaciones que aquí
se exponen son en su gran mayoría muy viejas, porque la lucha histórica
del ser humano contra la explotación y la opresión tiene
miles de años y las determinaciones vitales de esa lucha también.
Lo que con los años cambian no son esas determinaciones esenciales,
sino las implicaciones que las mismas tienen, a la luz de los movimientos
sociales que se han desarrollado. Las intuiciones y las afirmaciones de
los revolucionarios de diferentes épocas se van viendo confirmadas
o refutadas en la práctica social y así se va desarrollando
y precisando el programa revolucionario. Claro que no todas las sociedades
de clases son iguales, que no todas las explotaciones y las dominaciones
son idénticas, que no todos los modos de producción inmediatos
expropian de la misma forma a los productores y que por ello las revueltas
y sobre todo las posibilidades de la revolución no son iguales
hace 2.000 años, 400 años o ahora. Sin embargo, las diferencias
se han exagerado enormemente; la burguesía (y especialmente su
ala socialdemócrata) tiene enorme interés en magnificar
aquellas diferencias para afirmar mejor la sociedad actual como el objetivo
final del ser humano. Cuanto más bárbara e inhumana es presentada
la antigüedad, más humana parece la barbarie de la civilización
actual. Así hicieron creer a la humanidad entera que la prehistoria
era una época terrible de escasez y miseria, que la esclavitud
secular era un verdadero infierno terrenal y que el hombre había
conquistado su verdadera libertad en la "sociedad del bienestar",
es decir en el capitalismo. La insistencia en el horror de la esclavitud
pasada sirve para camuflar el horror de la esclavitud asalariada actual.
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